Pedaleando alrededor del mundo, en lugares tan inhóspitos y recónditos como el Polo Sur o el desierto de Atacama, Juan Menéndez Granados ha ido descubriendo en todas sus expediciones que estas sensaciones de peligro jamás se han vuelto en su contra. Más bien al contrario, han servido para animarlo en sus desafíos a lomos de su bicicleta.

Una de las claves del éxito y de la realización personal es tener sueños. Es más importante que terminarlos, por eso Juan tiene una máxima vital: “No permitas que te digan que es imposible”. Y más que no permitir, lo que habría que decir es: “Por el momento no se ha hecho”.

Como, por ejemplo, alcanzar el Polo Sur en solitario, sin asistencia. Más de 40 días de expedición, soportando sensaciones térmicas de hasta 75 grados por debajo de cero, en la soledad más absoluta. Algunos trataron de disuadirle, pero él no se rindió. Lejos de ser conformista, emprendió su desafío. No para demostrar que los demás estaban equivocados, sino para demostrarse a sí mismo que se podía.

Y es esta actitud la que ha llevado a este asturiano de 32 años a cruzar en diagonal el continente australiano y a atravesar el helado lago Baikal, las selvas amazónicas, zonas árticas de Groenlandia, las llanuras africanas, las estepas de Siberia o las cordilleras andinas. En todas estas aventuras, Juan tuvo miedo.

En cada una de estas expediciones, Juan ha sentido peligros reales: vientos, lluvia, temperaturas extremas, enfermedades de todo tipo, animales salvajes, humedad y hasta problemas con la burocracia. También ha tenido temores psicológicos, como la soledad o el agotamiento mental.